martes, 9 de julio de 2019

Travesía Pirenaica (II)

El sábado amanece y lo vemos claro. Hace una temperatura agradable para mangas largas y no hay rastro de amenaza de las lluvias pronosticadas. Desayunamos unas ricas tostas con aguacate y jamón, y un café para sacarnos las ojeras.




Echamos a andar en una hilera continua de senderistas, pero nos quedamos solos en cuanto enfilamos nuestro camino. Comenzamos a ganar altura sin dificultad por unos senderos rojizos que surcan los praderíos. A lo lejos nos observan algunas reses con expresión rumiante e indiferentes a nuestros pasos bien encarrilados. Empezamos a avistar los primeros neveros de nieve blanda; al principio con poca pendiente y sin dificultad técnica. La huella, blanco-terrosa, está bien marcada y atravesamos con facilidad. Nunca me han gustado las travesías, así que me hago con dos piedras puntiagudas para tener algo que clavar en caso de resbalón, aunque más bien como amuleto. En ese momento me acuerdo del maldito piolet y de los crampones que quedaron en la furgo, a media jornada de camino.

Paco avanza campechano, ajeno a mis cavilaciones de autorrescate, surcando neveros y pedreras sin ninguna dificultad y dejando entrever sus años de rodaje por el monte. A medida que nos acercamos al paso la pendiente aumenta, ellos acceden por la pedrera y yo bordeando la nieve algo más asentada que las piedras. Cruzamos, ahora sí, un nevero con peor caída pero con un trazo marcado que deja entrever la tierra. A partir de ese punto comienza una breve trepada de IIº o IIIº por una canal  de roca descompuesta de aspecto pizarroso, asequible y poco expuesta en las condiciones que la encontramos; protegida por un cable en su margen izquierda, bien justificado en invierno.





Una vez superado ese desnivel, miramos de reojo el Pico Tebarray que no presenta complicaciones técnicas por la normal, aunque sin demasiado atractivo "personal" comparado con sus vecinos: Garmo Blanco, Marmoleras, los Infiernos y otros tantos. Sin duda lo compensa con sus vistas en cualquier dirección. Esta vez nos conformamos con lo hecho y guardamos fuerzas para lo que nos queda por delante. Aprovechamos para descansar y mordisqueamos algo de pollo rescatado del túnel que cruza el bocadillo del día anterior.

Paso de Tebarray

Rodeamos el Ibón de Tebarray, que presume de sus aguas todavía enmarcadas  por un anillo de hielo blando, mientras disfrutamos perdiendo la mirada por sus horizontes.


Nueva parada reflexiva en el Cuello de los Infiernos, desde luego es para pensárselo. Un reguero de montañeros asciende  y se dispersa a medida que se acercan a la cima. Yo lo tengo claro: no llevamos material  y no se sube. Paco renuncia no sin cierta congoja y Cris tampoco se lo plantea. - Más tarde supimos que al día siguiente un montañero bien equipado, resbaló por una de las canales descendiendo de la cima. En paz descanse.

Cuello de los Infiernos

Aún nos queda nieve por cruzar hasta los siguienes ibones. Está bastante blanda y húmeda, y se transforma con facilidad bajo nuesto peso, pero hay algo de pendiente y posibilidad de patinar, así que atravesamos con la mayor cautela posible, culo arriba, cuerpo a tierra y piedra pinchuda en mano. Así llegamos a las praderas de los ibones azules, un lugar idóneo para otro tentempié, oler, ver, sentir y ser con todo aquello.  ¡Buff!


Reemprendemos la marcha dejando atrás a los campistas que hicieran noche a las orillas del ibón de Bachimaña; para entonces vamos cortos de agua y no alcanzamos la primera fuente hasta el refugio que lleva el nombre de estos lagos. 

El último tramo hasta Panticosa se hace largo y demasiado concurrido. Descendemos entre pinares y rocas de granito, donde las aguas de las nieves cimeras se abren camino y brotan por cualquier rincón. Caminamos con el ansia de quien espera llegar y siempre encuentra otra curva, árboles, más rocas,... de pronto se dejan ver las instalaciones del balneario; una última bajada antes de despedirnos de Huesca: Madrid, Lleida, León. Volveremos.


*Agradecimientos: Por las fotos de Paco y de Cris, y por su inestimable compañía en este viaje.

Travesía pirenaica (I)




Esta actividad surge de las ganas de reencuentro familiar y de pisar la montaña pirenaica que por estas fechas me quedan más a mano.Toma forma en un plan que se presenta como apacible y disfrutón, tras apearnos de la aspiración inicial y más elaborada, en preparativos y  técnica, de subir al Balaitus.

La ruta elegida, consiste en dos días de camino, con salida desde el embalse de La Sarra (Sallent de Gállego) y destino...cientos de pasos más allá.
Campernoctamos cerca de la Fuente de los Tres Caños, al arrullo del río y custodiados por un par de vías de escalada deportiva con aspecto de centinelas curiosos, discretamente desubicados ante semejante trajín de coches y caminantes.
Sin mucho madrugón y con excesiva calma, desayunamos, preparamos, olvido cosas en el coche y venga vuelve y re-vuelve a buscar esto y lo otro. Eso sí, el piolet lo dejamos a conciencia, bien colocadito entre el pedal del embrague y el del freno. De los crampones ni hablamos, no parecen necesarios para pisa-praos... Estamos a finales de julio y no vemos más que pizcas de nieve en los montañones que nos rodean.
La primera jornada promete tranquilidad y domingueo de viernes: 2.30 horas rezan todas las indicaciones, desde nuestra ubicación al refugio de RespOmUso - o Respumoso para muchos-. Unas 100 fotos, una naranja y un puñado de kikos después llegamos a nuestro destino. Como no podemos hacer uso de los camastros hasta las 3 pm, dormitamos a la fresca, sobre la rejilla cuadriculada de la terraza y contra la baranda, pero protegidos de la brisa pirenaica y abrigados por un manto de sol que nos invita a dar cabezadas.






Llegan las tres del mediodía y estamos listos para acercarnos a los Ibones de Arriel. 1.25 h. promete la señalización, así que calculamos que de las dos horas no bajamos. Los neveros que rodean los primeros ibones son de obligado traspaso si queremos seguir avanzando.1, 40 nos lleva alcanzar el Ibón intermedio. Oleadas de mosquitos tapizan rocas y neveros, y forman nubes haciendo muy difícil coger una bocanada de aire sin tragar un puñado de las minúsculas criaturas. Densos nubarrones amenazan desde hace horas, y un suave granizo y algo de lluvia se deja caer sobre nuestras cabezas.
Si es por Paco y por su inseparable paraguas,  seguiríamos hasta el Ibón Alto, pero las nubes cada vez más negras y nuestras ganas de descanso y cena dictan la media vuelta.



El fresco de la tarde, ya sin sol, nos empuja adentro del refugio. Pasamos el resto de la jornada hasta la cena estudiando el recorrido del día siguiente. Tanteamos a excursionistas y refugieros para saber si será factible cruzar el paso de Tebarray sin material invernal. Entre unos y otros acordamos que el terreno nos dirá si darnos o no la vuelta ya que además el parte meteorológico pinta tormentoso, lluvioso y granizoso. Afuera, las montañas preparan su descanso repletas de neveros con los que no contamos, y van quedando ocultas minuto a minuto bajo las nubes y el ocaso.
Ocupados en estas cabilaciones, me fijo que los rasgos de la pareja que atiende la cocina no son de este lado del meridiano y sin embargo me resultan familiares. Banderas de oración budhistas rezan al viento muy cerca del refugio, y me animo a preguntarles. La pareja, natural de Nepal, nos cuenta que trabajaron en los trekkings del Himalaya, él empezó como porteador y continuaron llevando negocios relacionados con el turismo. A la hora de la cena, recuerdo con añoranza los bocados nepalies mientras mareo las albóndigas sobrantes de un lado a otro del plato.


domingo, 10 de abril de 2016

Primavera furgonetera

Llegan las vacaciones de Primavera y me arranco con mi pequeño Ibiza hasta Francia, para encontrarme con dos buenos amigos que viajan en su California. Nuestra primera parada es la estación de esquí Luz-Ardiden. Llego a las 2 pm y engullo un pincho mientras me enfundo mi outfit de esquí y me encuentro con María y Manu. Las horas de coche me dejan anquilosada y salgo eufórica del telesilla. On fireeeeeee!!


Pont D'Espagne, Cirque du Gaube, Midi Pyrénées 

Nos despertamos en nuestro rincón atechado "furgo perfecto", cerca de Cauterets. Sólo tenemos el mapa y la guía de zonas colindantes a la nuestra, por lo que decidimos probar suerte en Pont D'Espagne. Resulta ser un lugar fascinante que, siendo Semana Santa, encontramos repleto de grupos de turistas en raquetas y de esquiadores de fondo. Llegamos en coche hasta un parking de pago desde el que se puede coger un teleférico, ir a pie por un camino específico (con raquetas o esquís en invierno) o acceder a una pista de esquí de fondo. Lamentablemente está prohibida la entrada a perros en ciertos períodos (recomendable consultar las restricciones) y Teo se queda en la furgoneta.

El recorrido transita por un bonito pinar con senderos de granito; las rocas exhiben formas exuberantes talladas al capricho de los hielos. Subidas, bajadas escalones y riachuelos nos obligan a quitarnos los esquís y llevarlos de la mano una y otra vez, hasta que llegamos al lago Gaube, la joya de este pequeño recorrido. Rodeamos el lago mirando de soslayo las pendientes, muchas de las cuales ya han descargado parte de su peso en forma de nieve y tierra. También es posible atravesar el lago, pero este año no ha hecho demasiado frío y algunos excursionistas nos desaconsejan hacerlo. 

Lago de Gaube
Roca  de granito erosionada
Aunque es un lugar muy recomendable para conocer, las zonas de valle que recorrimos son muy poco aptas para el esquí de travesía, salvo que hubiera la nieve necesaria para cubrir por completo los caminos y arroyos que lo surcan. En cambio los collados y los picos del Vignemale tienen buenas travesías, pero hay que asegurarse de que el riesgo de avalanchas sea mínimo. En nuestro caso la lluvia y el aspecto de las pendientes a medio caer (riesgo 3 de aludes) nos dieron la vuelta.

Cauterets, Midi Pyrénées

La improvisación mañanera nos devuelve al esquí de pista y aterrizamos en CauteretsEn un primer momento intentamos acceder por carretera y llegamos al parking de Le Coubert. Allí hay un teleférico, pero no funciona por los estragos de una avalancha. Aunque vemos factible foquear desde allí, nos dicen que está prohibido hacer travesía en la estación y sus alrededores -¡Malditos!-, así que volvemos al pueblo y cogemos un teleférico para acceder a ella. Toca día de esquí follonero con un aire mucho más limpio de lo habitual, gracias a la ausencia de parking. El paisaje que nos envuelve es extraordinariamente alpino y las pistas anchas y  bien trazadas; las bajadas me saben deliciosas. 


Travesía al Pic Des Tentes, Gavarnie, Midi Pyrénées

Un día estupendo para ponerle las pieles a los esquís, sopla viento sur en el aparcamiento, pero la estación de Gavarnie, que ya terminó la temporada este año, protege nuestro recorrido. Es la primera travesía de Nacho, a sus 10 añicos, y la segunda de su hermano de 13. A duras penas encontramos unas botas que le valgan en el alquiler y tiene que cogerlas una talla grandes, sale eufórico de la tienda con su equipo anunciando que le queda como anillo al dedo. Empezamos la marcha con paradas y tomas de contacto, pero cuando empezamos a coger pendiente Nachete toma la delantera y nos abre huella a siete adultos, un niño y un perro. ¡Qué tiemblen las montañas: llegan las nuevas generaciones!

Ascendemos poniendo todos nuestros sentidos en el estado de las placas que nos rodean, algunas se ven resquebrajadas bajo un fino paño de nieve fresca. Teo está desatado y exultante; nos vemos obligados a llamarlo al orden para que no se precipite pendiente abajo con tanto entusiasmo. Sus cuatro patas y su corta estatura parecen ventajosas en ese terreno, y acaba por doblar al resto del grupo con sus carreras. Hacemos cima sin incidentes y descendemos por la pendiente opuesta disfrutando de una nieve formidable; un poco a tientas, eso sí, porque no tenemos claro si las formas del relieve van o vienen.
Subiendo hacia Pic Des Tentes

Cima de Des Tentes


Regresamos al aparcamiento donde asaltamos las reservas de chocolate y damos buena cuenta del bocata de chorizo, que la ventolera de la cima Des Testes no nos había dejado catar. Por último cambiamos las botas de esquí por los playeros, y la ropa térmica por el atuendo furgonetero. ¡Estamos listos para volver a casa!? 



martes, 5 de abril de 2016

Travesías

De Noreste a Noroeste

Este año el invierno llegó en diciembre ya que, por más que las cosas cambien, el calendario estacional es obediente con las directrices. Sin embargo las nevadas y el frío se retrasaron según aquél, y prevalecieron temperaturas más propias de la Primavera. En Diciembre y en Enero el buen tiempo invitaba a escalar, pero el sol Gasteizarra no brillaba en los umbríos pies de vía de Euskalherria. Mis dedos protestaban una y otra vez por la injusticia de dejarlos sin sensibilidad y obligarlos a agarrar cantos que no sentían. Mi cuerpo en general se quejaba por empeñarme en llevarlo a hacer tales acrobacias, en un momento en que ni mi voluntad ni las condiciones me invitaban a ello; sin embargo ya hacía meses que sí me pedía nieve... pero el capricho no llegaba. Cuando pensábamos que el invierno se escapaba dejando un rastro de desilusión anacrónica, irrumpieron las nevadas con elegancia.


Panticosa, Los Batanes y Astún 

Estreno la temporada en el Pirineo Aragonés y al fin puedo empezar a engrasar las rodillas. Cuesta y retuerzo una en el primer embate fuera de pista, lo que me pasará factura más tarde en las dichosas vueltas maría. Por lo visto el yoga no ha sido suficiente para mantener el tono, y sólo tórpidamente van mejorando cuerpo y mente.

"Outsiders" Astún
Petretxema desde Isaba, Pirineo Navarro 

Continúo conociendo Pirineos, hoy toca madrugón de los que duelen y nos vamos a Isaba. Salimos desde el parking de Zuriza y hacemos una ruta progresiva y sencilla hasta el Petretxema. Las vistas son un regalo desde que nos enganchamos los esquís. La nieve está algo pesada pero hace un día espectacular y caluroso, idóneo para dar un paseo a la orilla del mar; pero el vicio nos devuelve a la montaña y la vuelta la hacemos remando sobre los esquís.




La Lunada, Cordillera Cantábrica (Burgos)

Se trata de un bello territorio en el extremo oriental de la Cordillera Cantábrica. Esta peculiar temporada se ha visto beneficiado con varios paquetones de nieve, pero sus cotas poco elevadas no siempre pueden lucir un espectáculo tan níveo. Nuestro objetivo fue Castro Valnera, un recorrido muy sencillo dadas las formidables condiciones de la nieve; de haber estado dura, el corredor que superamos para llegar a la cima, le habría dado cierto ambiente.






San Lorenzo, La Rioja 

Escogemos la pista más a la derecha desde el parking de Valdezcaray. Se trata de una subida suave y con buena nieve, refugiada de los apuros de la estación. Normalmente las palas superiores de este recorrido suelen estar muy duras debido a su orientación y a los vientos que galopan por ellas. Afortunadamente la encontramos en estupendas condiciones, con un agarre inmejorable para la ascensión y una bajada de calidad. La visibilidad, en cambio, no está a la altura de las circunstancias y mi compañero espachurra un eskí contra un muro oculto bajo un montículo de relieve incierto. Intentamos hacer un apaño con cinta americana con nulos resultados, y pasa a probar todo un repertorio de técnicas mono-eski. Algunas recordaban bastante al skate-board, otras no tanto...; pero ninguna de ellas convence a Haritz, que acaba por atarse las dos tablas a la mochila y continuar a pie el resto del camino. ¡Sabia decisión! Al menos no hubo que lamentar daños personales :P


Cima de San Lorenzo
San Isidro Pico Torres/ Muralla de Valverde (León)

Recibimos abril y con él 50 centímetros de nieve fresca obsequiados a la cordillera astur-leonesa. No puedo evitar salir disparada para ver a qué sabe. Sin mucha reflexión y con algo de cautela, nos acercamos a las inmediaciones del Torres y a la Muralla de Valverde, para intentar domar la nieve virgen con nuestras tablas estrechas. No ha dado tiempo a que transforme y está bastante profunda y por dos veces aterrizo de cabeza bajo el manto. Al tercer asalto parece que le voy cogiendo el tranquillo, pero lo bueno dura poco y topamos con la carretera comarcal donde hemos dejado el coche. Final de trayecto. Me llevo un bonito regalo para los cinco sentidos y buen sabor a nieve (literal).


Pico Torres y Muralla de Valverde
Vista del Toneo (1/04/2016)
Tras esta última nevada parece que la primavera llega también algo rezagada ¿Quedarán más salidas antes de devolver los esquís a su apagado rincón?

miércoles, 22 de julio de 2015

Euskasturizadas en tierra de Babia

Todo empezó con una idea sencilla: Hacer una rutina por Picos de Europa ¿Cuál? Eso era lo de menos... Ocho muyeres y un mozu éramos partícipes del asunto.

Miramos el tiempo desde Euskal Herria: tormentas durante la tarde y la noche de la posible incursión, en los tres macizos: central, oriental y occidental; con el aliciente de última hora de rachas de viento fuertes a la altitud que pensábamos vivaquear. Clásico parte meteorológico que te hace dudar hasta que no te queda más tu tía que decidir. Después de rizar el rizo con planes variopintos, renunciamos a los Picos y nos reinventamos en tierras babiecas. La ruta la pensaron las canguesas (del Narcea), y la matizó el majo de Pepe, que regenta un bar, "El Moriscal", en Huergas de Babia (León).

Salimos de por ahí cerca, una pequeña población llamada La Riera, y fuimos ascendiendo pegadas al "cerrao"  hasta alcanzar el comienzo del cresterío, sencillo y con poco patio. 

Ascensión a la cresta

Indicaciones de cresta a cresta

            


Fuimos rodeando un circo majestuso con escasos paños verdes y otros, la mayoría, desteñidos por el sol. Llegamos al Montihuero sin complicaciones y con calma, con tiempo para reponer, contemplar, estar con nosotras y con las otras.

Cima del Montihuero
Descendimos desde la cima a la Laguna de las Verdes, momento "zen" para las neskak y de neurosis para el pobre Teo, que después de tantas horas conteniéndose pretendía desesperado que alguien que le tirase ¡¡UN PALO!! -maldita sea viles humanas- 

Regresamos desde la laguna por un sendero hasta Torre de Babia, dejando las montañas a nuestras espaldas. Nos sacamos el moreno de pisa-praos en la fuente del pueblo y durante un rato fuimos xanas. De vuelta a Huergas nos reencontramos con Pepe y su hospitalidad. Cenamos de furgoneteo californero al fresquito veraniego y al abrigo de las montañas de León. Lentamente, incitadas por los efluvios de la miel fermentada, cinco xanas quedaron soñando en su nave.



Es domingo mañanero y aún nos queda día por delante. Llegan refuerzos de Xixón y de Carrizo (León). Las norteñas se juntan en las vías de Rabanal, un paraje apacible y admirable en las proximidades del Lago de Luna.
Cuatro cordadas y nueve escaladoras (plural incluye chico). Vías sencillas, caliza calidade, y las neñas miran al cielo esperando que las nubes no les destape el sol; cuando lo hacen no hay quien se suba por las paredes.
Llega el momento de volver al asfalto. Antes pasamos a hacer una visita al río para dejarle algo de calor y reponer fuerzas para el último tirón. Rumbo noreste.